Un cuento Zen:
Estaba un lama predicando en un pueblo cuando uno de los granjeros llegó a la plaza y empezó a insultarlo.
-! Tú, zángano!!
Que no haces nada y solo tenemos que venir a darle el arroz!! A ver si te pones a trabajar, !gandul!
El lama seguía con lo suyo, hasta que uno de sus seguidores le preguntó:
– No vas a decirle nada?
– A lo que el lama, sin inmutarse, respondió:
– A ver, si alguien viene y te ofrece bosta de la vaca, tú la tomas en tus manos?
– No
– Pues yo, tampoco.
Que tengan lindo día!!
“La ola y el mar”
Había una pequeña ola que viajaba entre tantas otras sobre la superficie del océano. Saltaba con el viento, se dejaba mecer por las corrientes, sin embargo, en el fondo… sentía una inquietud.
Miraba a su alrededor y veía olas más grandes, más fuertes, más ruidosas. Algunas eran imponentes, otras luminosas. “¿Y yo?”, pensaba. “¿Por qué soy tan pequeña?, ¿por qué no brillo como ellas?, ¿Qué sentido tiene ser solo esto?”.
A medida que se acercaban a la orilla, la ola comenzó a sentir miedo. Sabía que cuando chocaban con la playa, desaparecería. “Voy a morir”, se dijo con tristeza. “Todo terminará para mí”.
En medio de su angustia, una ola más vieja, más serena, que avanzaba a su lado, le habló con dulzura:
“No tengas miedo. No eres solo una ola. Eres parte del gran mar.”
La pequeña ola quedó en silencio. Por primera vez no pensó… sino que sintió. Sintió que no estaba sola. Que debajo de ella no había vacío, sino profundidad. Que su movimiento, su forma, su vida… provenían de algo mayor que la sostenía.
Y en esa comprensión, desapareció el miedo. Porque comprendió que no tenía que ser más grande, ni más ruidosa, ni más brillante. Solo tenía que” ser”… como parte de lo más grande.
Reflexión con mirada sistémica
Este cuento zen revela una verdad que desde las constelaciones familiares también reconocemos: somos parte de un sistema mayor , incluso cuando creemos estar solos.
Muchas veces, vivimos como esa ola: comparándonos, dudando de nuestro valor, creyendo que lo que hacemos no es suficiente. Y en momentos de crisis, sentimos que nos vamos a “desaparecer” o que perderemos todo.
Sin embargo, en lo profundo —como en el mar— hay una fuerza mayor que nos sostiene: nuestro sistema familiar, nuestras raíces, la vida misma.
“La rabia y la pena” – Jorge Bucay
Un día, la Rabia y la Pena fueron al río a bañarse. Se quitaron sus ropas y se metieron en el agua.
La Rabia , siempre apurada —como es ella—, se bañó rápido y salió pronto del río. Sin embargo, al hacerlo, se confundió y, en lugar de ponerse su ropa, se puso la ropa de la Pena .
La Pena , más tranquila y lenta, salió del agua después, pero ya no encontró su ropa. No le gustaba andar desnuda… así que se puso la ropa de la Rabia .
Desde entonces, muchas veces, uno se encuentra con la Rabia , sin embargo, al observarla bien, se da cuenta de que en realidad… es la Pena disfrazada.
Reflexión:
Muchas veces, detrás de una reacción de rabia se esconde un dolor, una tristeza, una herida no dicha. La rabia puede ser una defensa, un disfraz, una manera de no mostrar la vulnerabilidad de la pena.
¿Te gustaría ver series que tocan el alma y abren la mirada a lo invisible de los vínculos familiares?
Te dejo dos recomendaciones imperdibles, que están llenas de contenido sistémico, especialmente si te interesan las relaciones, los vínculos familiares y todo lo que se mueve en lo profundo del alma.
Ambas series son tremendamente sistémicas, es decir, abren puertas a comprender lo que trabajamos en las constelaciones familiares, desde la emoción y las historias que nos tocan el alma.
• “Mi otra yo” (en Netflix)
Una serie turca que muestra cómo los conflictos familiares no resueltos pueden repetirse de generación en generación… hasta que alguien decide mirar con amor y cambiar la historia.
Literalmente verás constelaciones familiares en escena, ¡y te vas a sentir identificada/o en más de una historia! Una serie que emociona y, sin darte cuenta, te invita a mirar tu propio sistema familiar.
• “La novia de Estambul” (en YouTube)
Una novela intensa, basada en hechos reales, donde verás cómo operan las lealtades invisibles, los secretos familiares, los órdenes del amor y todo lo que trabajamos en los talleres grupales… Drama, emoción y sabiduría sistémica, todo en uno, en versión telenovela.
Ideal para quienes quieren disfrutar y al mismo tiempo aprender a mirar desde lo profundo…
• Si ya conoces el enfoque sistémico, estas historias te van a gustar.
• Y si aún no conoces este enfoque, esta puede ser una forma preciosa de empezar a mirar con otros ojos.
💛 Que este fin de semana te regales un rato de disfrute…
Metáfora:
“El farolito” (con la mirada de la pedagogía sistémica)
Hay niños que llegan a nuestras manos como pequeños farolitos.
No hacen ruido, no sobresalen, no siempre brillan a primera vista.
A veces, su luz es débil, como si se protegiera de algo invisible.
Otros, en cambio, tienen una llama intensa, que parece arder con rabia o dolor.
Desde la mirada común, podríamos pensar que ese niño está “apagado” , “en problema” o “llamando la atención”.
Sin embargo, desde la pedagogía sistémica, sabemos algo más profundo:
• Cada niño tiene su luz propia, que está conectada a su sistema familiar.
Esa luz puede atenuarse si hay un duelo no elaborado, un excluido en su familia, un secreto que flota en el silencio, o un dolor que aún no fue reconocido.
A veces el niño no puede aprender, no puede estar quieto, no puede hablar o no puede reír… porque está siendo leal a alguien que no fue visto.
Su luz no se apaga por rebeldía . Se guarda, se resguarda, como un acto de amor hacia su sistema familiar.
Y entonces, el adulto puede elegir mirar con juicio… o mirar con el alma .
• Cuando miramos con el alma, comprendemos que no hay que forzar la luz. No hay que empujar. No hay que “arreglar” al niño.
Solo hay que estar presentes, con respeto, con silencio a veces, con límites amorosos otras.
El farolito se enciende cuando se siente seguro.
Cuando no se lo compara.
Cuando no se le exige brillar más que los demás.
Cuando alguien lo mira y le dice, con amor:
• “Estoy aquí, incluso si tu luz es tenue.”
• “No tienes que iluminar el camino de nadie.”
• “ Tu tiempo es sagrado, tu fuego también.”
“El patito feo” y la reflexión sistémica
En una tranquila granja, entre gallinas, gansos y patos de plumaje brillante, nació un patito distinto. Desde el primer día, todos notaron que no era igual. Era más grande, más torpe, y su color grisáceo lo hacía sobresalir… sin embargo, no de una manera que agradaba.
Recibía miradas extrañas, burlas, y un constante rechazo. “¿Qué hace él aquí?”, decían. Ni siquiera su madre entendía bien por qué uno de sus hijos era tan diferente.
Y así, con el corazón herido y la sensación de no pertenecer, el patito emprendió un viaje, alejándose del lugar donde no encontraba amor ni acogida.
Pasó por diferentes espacios: un estanque, un corral, hasta un bosque. En todos, el rechazo se repetía. Se sentía cada vez más solo, más triste… hasta que el invierno llegó, y casi sin fuerzas, se rindió a la nieve, al frío y a su dolor.
Sin embargo, la vida, sabia y misteriosa, le dio una nueva primavera. El sol volvió a calentar la tierra, y un día, mientras se miraba en el agua cristalina de un lago, el patito notó algo diferente: ya no era gris ni torpe. Era esbelto, elegante, y su reflejo mostraba algo asombroso. No era un pato… ¡era un cisne!
Entonces, comprendió: nunca había estado equivocado… simplemente había estado en el lugar donde no se reconocía su verdadera naturaleza.
Reflexión sistémica
Desde la mirada sistémica, el cuento del patito feo nos invita a contemplar algo profundo: el dolor de no pertenecer , de no ser visto, de ocupar un lugar que no nos corresponde.
No era que el patito estuviera mal, ni que los demás fueran crueles por naturaleza. Simplemente, no era su sistema. Y cuando estamos fuera de nuestro lugar sistémico —sea una familia, un equipo, una relación, una etapa de vida—, algo en nosotros se contrae, se confunde, nos duele.
Sin embargo, el patito no solo encuentra su lugar: se transforma al encontrarlo. Y eso también es profundamente sistémico. Cuando ocupamos el lugar que nos corresponde , cuando nos alineamos con nuestra esencia y con el sistema que nos sostiene, algo en nosotros florece. Se activa la vida, la fuerza, la pertenencia .
🔹 A veces lo que parece una herida… es solo la señal de que aún no hemos encontrado nuestro lago, nuestro clan, nuestro reflejo verdadero.
🔹 Otras veces, somos nosotros quienes no logramos ver el valor de nuestra diferencia, porque buscamos validación en un lugar que no nos corresponde.
🔹 Desde lo sistémico, sanar no siempre es cambiar: muchas veces es recordar quienes somos y reconocer que no estamos solos…
La maleta cerrada
Una mujer sentía que su vida era pesada.
Todo le costaba el doble. Cada paso, era como una montaña.
No entendía por qué… ya que, aparentemente todo estaba bien.
Una noche soñó que caminaba por un largo camino con una gran maleta en la mano.
Pesaba tanto la maleta, que a veces tenía que arrastrarla.
En el sueño, alguien le preguntó:
—¿Qué llevas allí?
Ella respondió:
—No lo sé. Esta maleta siempre estuvo conmigo.
Me la dieron cuando era niña… y nunca la abrí.
—¿Y si la abres ahora?
La mujer dudó. Temía lo que podía encontrar.
Sin embargo, al fin, con mucha delicadeza, abrió la maleta.
Se encontraban:
cartas no leídas,
lágrimas no lloradas,
nombres no nombrados,
decisiones no comprendidas,
dolores silenciados,
amores prohibidos,
historias repetidas,
secretos envueltos en culpa,
herencias que pesaban más que enriquecían,
lealtades invisibles,
promesas olvidadas,
y sueños que no se atrevieron salir a la luz.
Eran las historias de su familia.
De su madre. De su abuela. De su bisabuela.
De su padre. De su abuelo. De su bisabuelo y de todos… quienes vinieron antes.
Y entonces entendió:
Esa maleta no era un castigo.
Era un legado esperando ser mirado, ser visto.
La volvió a cerrar…
sin embargo, esta vez, lo hizo con amor.
Nunca más la arrastró.
La llevó en sus brazos, como quien lleva a los suyos consigo.
• No es el peso lo que cansa… sino la historia que aún no se ha honrada.
En un restaurante, un cartel anuncia:
“Coma todo lo que quiera”
“Porque ésta cuenta la pagarán sus nietos”.
Los comensales, todos adultos, entusiasmados llegaron al restaurante y disfrutaron sin medida.
Al finalizar el almuerzo, el camarero se acerca y les entrega a los comensales “la cuenta” . Sorprendidos, protestan: “Pero ¿cómo?, el cartel dice que, “Esta cuenta la pagarán nuestros nietos” .
El camarero responde: Sí, exactamente, “ésta cuenta” que ustedes tomaron, consumieron y generaron, efectivamente la pagaran “sus nietos” …. sin embargo, la cuenta que les traigo, es la de “sus abuelos”
Cuento: “El hilo rojo”
Dicen que existe un hilo invisible que conecta a las personas que están destinadas a encontrarse. Nadie sabe exactamente cómo es, sólo que todos lo sienten, en algún momento.
Un niño soñaba con ese hilo. Sentía que salía de su corazón y flotaba hacia algún lugar desconocido. A veces lo veía brillar cuando pensaba en su madre, o en una amiga de la infancia. Otras veces, el hilo parecía tenso y triste, como si alguien al otro lado lo estuviera esperando.
Creció, olvidó el sueño y vivió su vida. Sin embargo, una noche, ya de adulto, volvió a soñar con el hilo. Esta vez era más claro: el hilo lo guiaba hacia una persona que también lo estaba buscando.
Viajó, cambió de rumbo, escuchó su corazón. Y en medio de un encuentro, en una ronda de desconocidos, sintió algo en el pecho. Allí estaba ella. No era la primera vez que se veían, aunque nunca se habían encontrado antes.
Mensaje sistémico: “Lo que es para ti, te encontrará.” “El alma recuerda lo que la mente olvida” .
Los Cuatro Acuerdos de Miguel Ruiz, un libro poderoso basado en la sabiduría tolteca:
1. Sé impecable con tus palabras
• Usa tu palabra con integridad.
• Di solo lo que realmente quieres decir.
• Evita hablar contra ti misma o sobre otros.
• Usa el poder de tu palabra para construir, no para destruir.
Las palabras son magia. Pueden sanar o herir. Sé consciente de lo que dices, especialmente cuando te hablas a ti misma.
2. No te tomes nada personalmente
• Nada de lo que otros hacen es por ti.
• Lo que dicen y hacen es un reflejo de su propia realidad.
• Cuando no te tomas las cosas de forma personal, te liberas del sufrimiento innecesario.
Cuando alguien te hiere, en realidad está mostrando sus propias heridas.
3. No hagas suposiciones
• Ten el valor de preguntar y expresar lo que realmente quieres saber.
• Comunica claramente para evitar malentendidos.
• Muchas veces sufrimos por historias que nos contamos… y que no son verdad.
Suelta la mente que adivina, y abraza el corazón que pregunta.
4. Haz siempre lo máximo que puedas
• Tu “máximo” cambia cada día, según cómo estés. Y está bien.
• Si haces lo mejor que puedes, no te juzgarás ni te arrepentirás.
• Este acuerdo convierte los otros tres en hábitos vivos.
No se trata de perfección. Se trata de presencia, entrega y coherencia.
Es un libro breve pero muy profundo, ideal para volver a él de vez en cuando y recordar lo esencial. 🦋
Hoy queremos compartir un cuento de Mario Benedetti que trata sobre las emociones.
La leyenda de los sentimientos .
Cuenta la leyenda que una vez se reunieron en algún lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos. Cuando EL ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, LA LOCURA, como siempre tan loca, les propuso: ¡vamos a jugar al escondite! LA INTRIGA levantó la ceja intrigada y LA CURIOSIDAD sin poder contenerse le preguntó: ¿Al escondite? Y, ¿Cómo es eso?
Es un juego, explicó LA LOCURA , en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego. EL ENTUSIASMO bailó entusiasmado secundado por LA EUFORIA . LA ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó convenciendo a LA DUDA , e incluso a LA APATÍA , a la que nunca le interesaba hacer nada. Pero no todos querían participar.
LA VERDAD prefirió no esconderse… ¿Para qué? si al final siempre la encontraban. Y LA SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella)…y LA COBARDÍA prefirió no arriesgarse.
Un, dos, tres… comenzó a contar LA LOCURA . La primera en esconderse fue LA PEREZA , como siempre tan perezosa se dejó caer tras la primera piedra del camino. LA FE subió al cielo y LA ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO , que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
LA GENEROSIDAD casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos… que si un lago cristalino para LA BELLEZA … que si una hendidura en un árbol… perfecto para LA TIMIDEZ … que si el vuelo de una mariposa lo mejor para LA VOLUPTUOSIDAD … que si una ráfaga de viento magnífico para LA LIBERTAD … así terminó por acurrucarse en un rayito de sol.
EL EGOÍSMO , en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo… pero sólo para él. LA MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (mentira, se escondió detrás del arco iris). LA PASIÓN y EL DESEO en el centro de los volcanes. EL OLVIDO … se me olvidó dónde se escondió EL OLVIDO , pero eso no es lo más importante. LA LOCURA contaba ya novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve… y EL AMOR no había aún encontrado lugar para esconderse entre sus flores.
Un millón!!! contó LA LOCURA y comenzó a buscar. La primera en encontrar fue LA PEREZA … a sólo tres pasos detrás de unas piedras. Después se escuchó a LA FE discutiendo con Dios sobre teología y a LA PASIÓN y EL DESEO los sintió vibrar en los volcanes. En un descuido encontró a LA ENVIDIA y claro, pudo deducir dónde estaba EL TRIUNFO .
AL EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo, él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a LA BELLEZA , y con LA DUDA resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse.
Así fue encontrando a todos. AL TALENTO entre la hierba fresca… a LA ANGUSTIA en una oscura cueva… A LA MENTIRA detrás del arco iris (mentira… en el fondo del mar). Hasta EL OLVIDO … ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas. Pero sólo EL AMOR… no aparecía por ningún sitio.
LA LOCURA buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y pensó: EL AMOR siempre tan cursi, seguro que se escondió entre las rosas… tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas… cuando de pronto un doloroso grito se escuchó… las espinas habían herido los ojos DEL AMOR , LA LOCURA no sabía qué hacer para disculparse: lloró… rogó… pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces, desde que por primera vez se jugó en la tierra al escondite, EL AMOR ES CIEGO… Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA * .
Mario Benedetti, escritor.
Un cuento Zen:
Estaba un lama predicando en un pueblo cuando uno de los granjeros llegó a la plaza y empezó a insultarlo.
-! Tú, zángano!!
Que no haces nada y solo tenemos que venir a darle el arroz!! A ver si te pones a trabajar, !gandul!
El lama seguía con lo suyo, hasta que uno de sus seguidores le preguntó:
– No vas a decirle nada?
– A lo que el lama, sin inmutarse, respondió:
– A ver, si alguien viene y te ofrece bosta de la vaca, tú la tomas en tus manos?
– No
– Pues yo, tampoco.
Que tengan lindo día!!
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